Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (46)

SONATA DE CIELO

La orquesta, en Cunchillos, silbaba notas en derroche de ritmo. La mujer que agitaba sus manos ardiendo de ruido, algo pesada sin apreciar la verdadera sensación del silencio en apreciación.

Yo, como siempre, atento a melodías sin tiempo para interpretar canciones de amor o para merodear entre lágrimas de belleza sin apreciar, pues la única mujer sin aplaudir y sintiendo la música de ese modo, andaba acechada por cuestiones que ni se enteraba.

Advertí que algo importante sucedía en tal desprecio por una mujer en silencio, no tuve ni un solo viernes donde no pudiera apreciar su misma conducta. Aplaudir en silencio a la orquesta y disfrutar del modo más sensible la música.

Tiene la capacidad de tocar melodías con el cuerpo, pensé. Y empecé a disparar miles de ideas alocadas, divertidas y con esa picara audiencia de todos los viernes de mediodía.

Un día, me acerque más a ella y me di cuenta que no podía más que sonreír y alejarse cual liebre en acecho de zorros viejos. Jamás, pude sentir la sensación de ver a una mujer tan especial en delicada atención al auditorio musical.

Su nombre es Miranda.

Ayer la vi tocando sueltas sonatas sin miradas más que a las cuerdas y no pude contener mi pasión por conocerla.

Loco mediodía en medio del tumulto con ruidos enloquecidos un pequeño violín repleto de bellas melodías que invitaban al silencio. No pude más que dirigir mis placidos sentidos a un romántico compositor de alegres sensaciones sin olvido.

Estoy con Miranda todos los días, salpicando silencio en medio de todo el ruido, y no puedo más que escucharla a ella. Inusitado comportamiento en quien puede abstraerse de tan complejo auditorio repleto de ruidosos vendedores, y fugaces escapes de motonetas.

El día que pude dialogar con Miranda, toda mi cuerda en chelo vestido de fiesta se estremeció cual flan fresco en gigante vaso fino.

No puedo más que amar su sincera honestidad por dar honor a compositores tan clásicos al modo que puede su idea de vivir.

Con ella aprendí el valor del silencio en medio del ruido inmenso.

Estoy tocando con Miranda sonatas de otoño en medio del ruido y sin embargo… se escucha el violín de una mujer que no puede vivir sin decir que la música es para quien sabe oír en medio de todo su ruido.

Porque aprendió a vivir…. y yo la sigo.

Silvia Alejandra Garro

Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (45)

SOLO PIENSO EN TI

A orillas del río miro ensimismado cómo pasa el agua nueva, nunca igual. En la lejanía las montañas nevadas la dejan correr camino de la mar.

El rumor del río de aguas saltarinas y el canto del mirlo son todo mi tesoro, para qué quiero más, ¡bonita primavera!

El lecho está lleno de piedras multicolores redondeadas, cantos viajeros llegados desde las altas cumbres. Hace milenios por el valle se deslizaba el glaciar.

Veo una piedra grande y redonda tomando el sol, me siento en ella. Dejo vagar mis pensamientos observando los diminutos pececillos que van y vienen en el remanso.

Ahora, mis pensamientos vuelan a otras montañas hermanas de cordillera, a otros ríos de primavera. Solo pienso en ti, mi amado Cunchillos.

José Luis Gómez Ledesma

Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (44)

SAN ANTÓN EN CUNCHILLOS

Emoción contenida por el qué dirán. Disfrutaba de la tradicional hoguera en honor a San Antón, festividad que cada año celebramos en Cunchillos. Si los valencianos disfrutan con sus “ninots” y la cremá, los cunchilleros saciamos el apetito con viandas elaboradas en casa que compartimos con nuestros amigos, familiares y vecinos.

Hacía frío, si bien un buen vaso de vino como preludio de la fiesta servía para combatir tan temido enemigo. Aunque la celebración de San Miguel es quizás la cita por excelencia, con comidas populares, vaquillas o los toros de ronda, para mí rendir un merecido homenaje al patrón de los animales era y es la fecha que cada año marco con una cruz en el calendario.

Mi jornada festiva terminó a las 4.00 de la mañana. Acto seguido, la llave se introduce en la cerradura de la puerta de entrada.

-Cariño, ¿qué tal lo has pasado? – mi madre me pregunta, acompañada por mi padre-.

-Si el año pasado disfruté como un “enano”, este 2016 ha sido memorable y no sé si insuperable.

Rafael Bailón Ruiz

Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (43)

RIMA LXXVII

La rima iba firmada con tan solo una inicial, la B. Le acompañaba una fecha, Septiembre de 1868 y el nombre de una localidad, Cunchillos. Completaba aquella vieja cuartilla el retrato a mano de una hermosa joven. Había aparecido esta hoja traspapelada entre los documentos de un polvoriento cartapacio abandonado. Su descubridor no tardó en mostrar el hallazgo al maestro del lugar. Éste informó a un colega de la capital que a su vez se puso en contacto con un especialista en la materia. Y tras un estudio pormenorizado tanto del papel, la tinta y la grafía como de la forma, el estilo y la temática de la composición poética, convinieron en afirmar que aquella obra correspondía sin ningún género de dudas a Gustavo Adolfo Bécquer.

1868 fue un año desgraciado para el poeta sevillano. Se separó de su mujer, Casta, al conocer que el hijo que esperaban no era suyo. Y durante la Revolución conocida como La Gloriosa, fruto del saqueo del palacio de González Bravo, desapareció el manuscrito de las poesías que Gustavo entregó a su amigo para que las publicase.

Quizá para huir de tanta fatalidad, el escritor junto con su hermano recorrieron las tierras del Moncayo, enamorados de sus paisajes y gentes. No sería pues aventurado decir que la dama dibujada a la que va dedicado el poema fuera alguna muchacha cunchillera de extraordinaria belleza.

El alcalde de esta localidad vio en el fortuito descubrimiento la oportunidad de dar a conocer el barrio a nivel nacional e incluso internacional, a la manera en que la también población zaragozana de Borja había hecho años atrás gracias al famoso Ecce Homo nacido de la buena voluntad de una de sus vecinas.

Protegido por una vitrina, aquel valioso legajo era visitado diariamente por una multitud de turistas llegados de diferentes rincones de la geografía. Y no era para menos, se trataba de una rima hasta ahora desconocida manuscrita del propio poeta.

Poco después la aparición de unas cartas encontradas en la antigua vivienda madrileña de Bécquer ponían en duda la autoría de Gustavo, atribuyendo la rima a su hermano. Ya que en ellas, Valeriano expresaba al poeta la fascinación que sentía por una muchacha a la que vio saliendo de la iglesia de San Miguel, llegando a comparar tal visión con la aparición de un ángel venido del cielo. Éste le animó a convertir ese sentimiento en poesía, ofreciéndose a copiar a limpio el escrito pues era consciente de su pésima caligrafía. Con lo que obviamente la importancia del hallazgo se veía seriamente dañada.

Pero quiso la fatalidad o la fortuna, según se mire, que una nueva revuelta en la capital provocara la desaparición de toda esta correspondencia.

Calamardo

Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (42)

PRESENTE IMPERFECTO

Para implorarle que vuelva a casa escribía cartas y las introducía en todos los buzones del vecindario. Inundaba cada habitación con su perfume más preciado y no se quitaba nunca el colorido colgante que su madre lucía en aquella foto en el último viaje de vacaciones en Cunchillos.

Mamá siempre estará con nosotros, repetía su padre intentando consolarla, mientras ella esperaba incansablemente que desde ese confuso lugar apareciese un día para recuperarlo todo.

Afortunadamente, hoy en el colegio, la profesora le mandó estudiar el pretérito perfecto de los verbos amar, temer y partir. Tal vez eso ayude.

Alejandro Vaghetti Jou

Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (41)

POSTALES DE LA MAREA

Si bien aquella madrugada de lento caminar en roncos ruidos de mi nuevo despertar cambió mi vida, Cunchillos fue y será mi lugar preferido.

Nada podía sospechar que un hermoso fuerte y sana muchacho fuera a sostener ciertas culpas por cuestiones cobardes. Yo, sin interceder, con señas por derrame en vientos que no soplan, hui de su defensa cual alas en postales de mareas… sin huir

Si fuera lentamente mi mente a recordar aquella vida en torno a su amor podría solo decir que todas mis tardes caminaban hacia las mismas playas.

Aletargando la belleza de solo poder decir que nadie puede desunir a un amor especial.

Sabía que tendría que luchar.

Sabía que mentiras replegadas en sistemas de entender que pocos deben pagar por todos. Y sabía que nadie puede tener más Fe cuando se ha visto el amor del Ángel de María.

Sueño con regresos a un pasado pleno.

Sueño con su risa repleta de sueños. Y sueño que sueño con todas sus historias sin monedas más que letra enlatada en su propia marea contando frases para enorgullecer la idea de solo reír por cualquier cosa y ser feliz

Sueño con su rítmica batería con pasos de joven que a carcajadas despliega solo vida. Y cada día despierto entre esos sueños con la esperanza del retorno a aquella madrugada.

Camino hacia otras postales de mareas más ruidosas junto a él. Pido que se lleve al lugar donde merece un joven ser lo que es.

Resuelvo, como puedo, pues la falta de sistema en verdades que no operan andan diciendo que nada es real.

Lo único cierto es el desequilibrio emocional de farsantes que desoyen el clamor de la verdad porque tienen que soplar lo dañado con más daño singular.

De repente…. Escuché un ruido estrepitoso y desarmonía total, cual furia de justa justicia de replegar los costos hacia los autores de verdad. Y fue así.

En la ermita sin cruz, sin lagrima y sin rezo más que la propia vida, el Ángel de María pidiendo verdad entre la gente.

Y en el instante de pedir la verdad…. Gente con moral.

Silvia Alejandra Garro

Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (40)

PECADOS

Cunchillos. Dioses, todavía siento escalofríos al oír ese nombre. Quien iba a pensar que un pequeño pueblo alejado del mundo guardaría un secreto tan aterrador. Acercaros, pues os voy a contar la historia de un joven cuya avaricia y orgullo le llevaron a un lugar sombrío, plagado de rumores, secretos y miradas. Un lugar donde se respiraba a muerte.

Su nombre era cronista pues relataba la vida de jóvenes caballeros, poderosos nobles y temidos reyes. Fue gracias a este último, el rey ederbhos, por quien cronista acepto venir a dicho pueblo al haber oído diversos extraños sucesos, he aquí su historia.

Corría el año 1210 y pasaba graves apuros económicos, así que merecía la pena el investigar. Partí desde la antigua ciudad de Sades caminando como pude ya que no tenía caballo, ni suficiente dinero para alquilar uno. Sin embargo la fortuna estaba de mi lado, y encontré a unos comerciantes cuya ruta les dejaba cerca de Cunchillos. El trayecto se hizo más corto a la par que ameno, pues conocí a un joven trovador que nos contó pequeños secretos de las cortes para las cuales había sido contratado, todo un privilegio escucharle a la par que una estupidez por su parte al contarlo, pues yo sabría sacar buen provecho de esa situación para emplearla en mis relatos. También nos contó todas las aventuras amorosas de la corte y sobretodo, la lujuria de algunos de ellos. Pasamos más de dos horas hablando cuando me percaté de que no estábamos solos, justo detrás de él se encontraba una mujer con una larga túnica negra cuya capa y capucha le cubrían no solo la espalda, sino prácticamente todo el rostro. Apenas pude distinguir unos ojos azul pálido que miraban fijamente a la nada. Me quede contemplando su rostro, sus facciones en forma de lágrima hasta que giro sus grandes ojos hacia mí. Me quede completamente helado, no solo por su fría mirada sino por esa extraña forma en la que me observaba, como si quisiese analizarme. Me entro un sudor frio por la espalda junto con un escalofrío que recorría mi medula hasta agitar cada punto de mi ser. La presión que ejercía la mirada de la joven era cada vez mayor hasta tal punto que tuve que rehuir su mirada avergonzado, respirando con fuerza como si algo o alguien hubiesen tratado de ahogarme. – será mejor que la ignores, no está bien de la cabeza, ¿no ves cómo nos mira? Loca. – dijo mi compañero. No volví a mirarla de la vergüenza en todo el camino.

Seis horas más tarde llegamos a Cunchillos donde no nos despedimos, su orgullo, vanidad y envidia se lo prohibían, sin embargo no había rastro de la joven. ¿Dónde se habría metido? Deje mi pregunta en el aire mientras recogía mis bártulos y me dirigí hacia la única posada del lugar. Mi habitación no era lo más lujoso del mundo, pero contaba con una pequeña cama de paja y una vieja gloria a su lado para poder pasar las frías noches del invierno que se cernía sobre el lugar arañando los prados con sus heladas. Tarde mucho rato en conciliar el sueño, ¿Quién era esa mujer? No dejaba de repetirlo en mi mente buscando una respuesta, como si ya la conociese. Esos ojos…esa mirada tan inquietante…me sumí en un profundo sueño.

Un fuerte estruendo en el exterior me obligo a levantarme de la cama, ¿Qué hora era? ¿Por qué se escuchaban esos gritos? Me vestí rápidamente y baje. La plaza principal estaba abarrotada de gente sollozando, trate de abrirme hueco entre la gente hasta llegar al problema, que me golpeo de la manera más dura posible. En el centro de la plaza había un joven de unos quince años brutalmente mutilado, su rostro apenas se podía identificar, sus brazos colgaban de el en una posición bizarra, ni siquiera sabía que el cuerpo pudiese ser capaz de adoptar una forma así. Su tronco estaba totalmente abierto, separado en varios trozos. Sus vísceras se encontraban repartidas por el suelo y los arboles cercanos dando un aspecto macabro a tan siniestra obra. – todo el mundo fuera, no hay nada que ver, por favor márchense todos – dijo el regidor. Yo no daba crédito a tan grotesca imagen, al parecer el joven era conocido en el pueblo por lo que nadie tenía motivos para hacerle daño, y mucho menos asesinarlo tan brutalmente. – ¡han sido ellos! Exclamo un anciano señalándome con el dedo. La gente que se encontraba cerca de mí se separó rápidamente a la par que se sobrecogían. – eso es una estupidez, ¡¿qué motivos iba a tener para hacer esto?! – dije tratando de defenderme. De repente se escucharon unos gritos y se vio un forcejeo en la plaza. Un hombre corpulento tiro a una joven al suelo, llevaba una túnica negra y una capucha que se había quitado con el impacto tras caer al suelo. Era la joven de ojos azules. Rápidamente me acerque a ella para levantarle del suelo y ver si estaba herida, nuestras miradas se cruzaron de nuevo y pude ver la ira en su rostro. – Déjales Cisco, son nuestros invitados así que ni se te ocurra volver a agredirles – le espeto el regidor al corpulento hombre. – llévate el cadáver de aquí, ya sabes que hacer.

Cisco se llevó lo que quedaba del maltrecho cuerpo para entregárselo a sus padres cuando se dio cuenta de que en su garganta había una pequeña nota, muy asustado dejo el cuerpo en el suelo y leyó en voz alta: “Sois los siguientes.” La muchedumbre se agito aún más mientras el regidor trataba de calmar al gentío sin éxito. Decidí alejarme de aquel lugar tan rápido como pude buscando refugio en mi habitación. Intente calmarme tratando de escribir pero no era capaz, de repente un golpe en la puerta me sorprendió. – el entierro del joven es esta noche, beberemos algo todos en la posada, eres bienvenido si quieres- dijo el regidor.

Unas horas más tarde estábamos todos reunidos en la posada, cruce la mirada con varias personas hasta que vi a la mujer de ojos azules sentada en un banco muy alejado. El regidor decidió tomar la palabra – bien, ya estamos todos reunidos, hay algu…

Silencio. La estancia quedo sumida en la más solemne de las penumbras, las antorchas se habían extinguido, la gente se sorprendió pues las puertas estaba cerradas, ¿Qué ocurría? De repente se empezaron a oír fuertes golpes acompañados de gritos, la gente estaba histérica, se empujaban, se golpeaban, se apartaban como podían en la penumbra. Los golpes cada vez eran más fuertes y rápidos, hasta que se escuchó un último golpe y la estancia quedo sumida en un completo silencio. De la nada las antorchas volvieron a encenderse, como si se tratase de brujería. Y allí estaba. La estancia estaba totalmente cubierta de cadáveres como el del joven, el olor era nauseabundo, las vísceras colgaban de las paredes. Y ella me miraba. Sus pálidos ojos me miraban inquietos, de sus labios colgaban trozos de carne, su cara estaba completamente manchada de sangre y en sus brazos aun sostenía la cabeza del joven trovador que se había burlado de ella. -¿porque a mí no?- le pregunte asustado a la par que intrigado. La joven sonreía. – ¿¡quién eres?! Grite. – me llamo Deiwon. Todavía más asustado decidí hacerle la que probablemente sería mi última pregunta: -¿voy a morir?

La joven soltó la cabeza que cayó al suelo, las luces se apagaron. Note sus afiladas uñas en mi vientre que se rasgaba cada vez más rápido, el dolor inundo mi mente y grite mientras ella reía presa de la locura. Acto seguido desgarro mi cuello, La sangre brotaba rápidamente, trate de tapar la herida con mis manos pero mi cuerpo no reaccionaba, su lengua recorría mi herida a la par que reía aún más fuerte.

Desperté. Todo había sido fruto de una pesadilla, decidí cambiarme de ropa y abandonar el pueblo. La gente paseaba por la plaza ajena a cuanto había soñado, emprendí la huida lo más rápido posible atravesando la espesura del bosque cuando la vi. Sonreía mientras se quitaba la capucha, dejando al descubierto una preciosa melena negra. Caí rendido de cansancio al suelo y deje que el silencio nos inundase. Un silencio profundo y ancho como el final del invierno, grande y pesado, paciente e impasible como el de las flores al ser cortadas. El silencio de un hombre que espera la muerte.

Pablo Delpón

Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (39)

PAREJADA

La familia Pareja son una pareja de recién casados de mediana edad.

Acaban de regresar de su viaje de novios.

Esta será su primera noche en su hogar.

1.-Los Sres. Pareja empujan un carro con el equipaje, acaban de aterrizar en el Aeropuerto de León, tras su luna de miel en la cual han pasado unos días en el pueblo de ella: Cunchillos. Los dos empujan el mismo carro, haciéndose carantoñas. Salen al exterior, él dirige el carro hacia la zona de autobuses que los lleve a la capital. Ella se para en seco y le señala la parada de taxis. Una vez instalados en el taxi, le indican al taxista que los lleve a la calle Ricardo León.

2.-En el taxi continúan con sus arrumacos como si no existiesen más personas que ellos. El taxista los mira a través del espejo retrovisor con cara de empalago.

3.- El taxi se detiene frente a la puerta, la pareja desciende junto con el taxista que abre el maletero y les entrega su equipaje, tras lo cual, sube a su vehículo y se va. Ellos entran en casa arrastrando las maletas.

4.- Una vez en casa, él aspira ostensiblemente, da una vuelta sobre sí mismo con los brazos abiertos dejando claro que añoraba su hogar.

5.- Ambos están hambrientos. Ella abre la nevera pero está vacía. Él coge el teléfono y llama a un servicio de reparto de comida a domicilio.

6.- Media hora después llaman a la puerta, él abre. El repartidor le entrega el pedido y recibe su dinero, hace un gesto de despedida con la mano y se va. Él cierra la puerta. Ella baja por la escalera en albornoz, recién salida de la ducha. Él le entrega la comida, se besan y sube hacia la ducha.

7.- Más tarde, él baja también en albornoz y observa cómo ella ha preparado la mesa con velas incluidas. Él descorcha una botella de vino, llena unas copas, brindan y se disponen a cenar, haciéndose carantoñas.

8.- Acabada la cena, se disponen a ver una película. El coloca la película en el reproductor, ella da al play con el mando a distancia. Los dos se acurrucan en el sofá bajo una manta.

9.- Finalizada la película ella se levanta del sillón, sufre un leve mareo y corre la cuarto de baño tapándose la boca.

10.- Ella sale del cuarto de baño con la cara mojada, él está afuera esperándola, la coge de los hombros, ella vuelve a sentir náuseas y de nuevo se precipita sobre el cuarto de baño.

11.- Dos horas después ella duerme plácidamente, mientras él está desvelado. Está nervioso y no para de dar vueltas en la cama sin poder dormir. De pronto no puede más, se levanta de la cama se viste y sale a la calle.

12.- Marcha de noche por la ciudad buscando desesperadamente una farmacia abierta. Cuando la encuentra entra precipitadamente en ella, le pide algo a la farmacéutica. Esta le entrega un test de embarazo, él paga y se va corriendo de allí. La farmacéutica lo mira sorprendida.

13.- Entra en casa, sube atropelladamente la escalera, entra en la habitación y la despierta con vehemencia. Ella se despierta extrañada. Él le enseña el test de embarazo. Ella no se lo puede creer, quiere seguir durmiendo. Le quiere hacer entender que no son horas y que espere al día siguiente pero él no atiende a razones, por lo que ella le arrebata el test y se dirige al baño.

14.- Ella está dentro del baño, mientras espera el resultado enciende la radio. Él está afuera, en la puerta, esperando impaciente el resultado. De pronto siente náuseas se tapa la boca y entra todo lo deprisa que puede en el baño. Mientras vomita se oye en la radio una noticia de última hora: “… hasta el momento son ya, 17 los ingresados en el Hospital Universitario de León, todos presentan vómitos y mareos en mayor o menor medida. Se da el caso que todos ellos habían pedido comida a domicilio de un conocido restaurante de la ciudad, que al parecer ha servido comida en mal estado. Seguiremos informando en sucesivos boletines…”

15.- Ella no puede evitar reírse, él a pesar de su malestar siente un alivio inmenso.

FIN

Jesús Bersabé Domínguez

Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (38)

NECESITO UNA FARMACIA

Y se me hizo tarde. Aquel día había sido un completo desastre. Luego de terminar con las labores estudiantiles, tuve que seguir mi búsqueda en internet sobre un tema particular para mí. No hubo problema en ello, y tras escribir las palabras correctas en el computador, links aparecieron en cantidad. Sólo buscaba información, pero fue más que eso.

Rápidamente, cogí las llaves, abrí la puerta de mi auto y salí. Encendí las luces, y con visión borrosa, no respeté las señales del tránsito. Algunas cuadras anduve derecho, otras, sin percatarme, doblé, sin respetar semáforos. Me fue imposible dar con el paradero de la farmacia, y es que en el pueblo de “Cunchillos” conducir un automóvil con cuidado durante la noche es tarea de todos. Seguí derecho, acelerador a fondo, freno de mano desenganchado, retiro mi pie del embrague, palanca de cambio en primera marcha y sigo mi búsqueda, incesante por aquellos recónditos lugares que hoy son conocidos para mí. ¿Paradero cerca?, Dí con la farmacia, la cual a esas horas estaba cerrada. Tuve que volver a mi hogar sin la medicina que buscaba.

Felipe Andrés Vergara Unda

Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (37)

NAVIDAD

Mamá decía que esos días el centro era un loquero. Por eso tuvimos que esperar hasta casi las siete y media para salir. Caminábamos por la vereda de la sombra, donde estaban casi todos los negocios, aunque cada tanto teníamos que cruzar a la de enfrente a comprar alguna cosa. Como la mayoría de los niños, detestaba caminar y hacer mandados, pero ese día lo único que me importaba era que cuando llegásemos al final de la calle Cunchillos íbamos a ir a la juguetería a dejar mi carta para Papá Noel.

Ya desde la plaza podíamos ver la cantidad de gente que se amontonaba en la vereda de la juguetería. Adultos y niños depositaban sobres, hojas dobladas y dibujos, en el gran buzón que está en la entrada de la puerta vidriada. Junto a él, Papá Noel los saludaba y les entregaba caramelos. Mamá y yo nos hicimos paso entre la gente. Le pedí que hiciera la fila que se había formado para depositar las cartas y mientras fui a ver lo único que realmente me importaba: La vidriera más grande. La que está a la sombra. La gente se había juntado justo adelante y apoyada allí, esperaba a que los niños recibieran los caramelos de Papá Noel. Pedí permiso y me dirigí al lugar que sabía de memoria. El estante de arriba, al lado del oso de peluche, entre las patas de rana y el juego de tacitas de té: Allí estaba ella, Lucía, la muñeca más linda del mundo, sentada, esperándome, contando, como yo, los días que faltaban para estar en casa. Tras los pliegues de su floreado vestido se traslucían sus piernitas y asomaban unos zapatitos blancos con hebillas a los costados. Su pelo era amarillo como el corazón de las margaritas y sus ojos, dos bolitas turquesas y brillantes. Lucía tenía una mamadera con un líquido que parecía leche de verdad y un chupete al tono con el vestido. Así lo había escrito en la carta para que Papá Noel no se la confundiera con otra; para que supiera que era ella el regalo que yo quería.

Mamá vino a donde yo estaba y me dijo que ya casi me tocaba el turno, entonces regresamos a la fila. Saqué de mi bolsillo de atrás del pantalón el sobre que había cerrado con plasticola y estaba a punto de ponerlo en el buzón cuando escuché la voz de mamá. Era su voz pero le salía entrecortada, agitada, inentendible. Entonces me di vuelta y vi que mamá empujaba a una señora que tenía a su hijo de la mano. La conocí. Era Irma, la compañera de trabajo de papá. La mujer retrocedía y tapaba la cara del niño y mamá le decía si todo el banco lo sabe, que me venís a saludar. Y mamá tiraba puñetazos al aire y la gente empezaba a rodearlas. Irma lo único que quería era que mamá se callara pero mamá que no era mamá tenía los ojos descompuestos y le decía vos no me haces callar. La otra tomó a su hijo de un brazo y comenzó a llevárselo pero mamá la agarró de la blusa y tuvieron que frenar. Entonces mamá se agachó para quedar a la altura del niño y lo miró fijamente, tenía la mirada fría y la voz distorsionada. Y repitió vos Irma no me vas a hacer eso y ¿Sabés qué?, le dijo al nene: Papá Noel no existe. Papá Noel son los padres. El hijo de Irma la miró y primero esbozó una mueca, pero después rompió en un llanto desconsolado. Y entonces mamá que no era mamá me miró y me dijo son los padres, Mariana. ¡Son los padres, chicos!, empezó a gritar mientras corría de un lado a otro de la vereda de la juguetería. La voz le salía cada vez más finita hasta que a lo último era un ronquido, pero mamá no dejaba de repetir eso. Entonces la gente comenzó a insultarla, a correrla y ella que no era ella comenzó a revolcarse en la vereda, mientras se golpeaba la cabeza con el cordón. Yo no podía seguirla porque cuando llegaba hasta donde estaba se iba para otro lado hasta que vino el dueño de la juguetería con un policía que se llevó a mamá. La gente decía que barbaridad, los chicos lloraban y gritaban, los padres les decían que esa mujer

estaba loca, que mentía, pero yo en lo único que pensé fue en Lucía, en las cosas que le había preparado. No, Lucía, no. Entonces fui a donde estaba el Papá Noel que repartía los caramelos e hice lo que tenía que hacer.

María Paz Schechtel