Relatos Cortos presentados a “Cunchillos en Breve II” (15)

SOLITARIO

Comprobó su revólver. Con paso firme entró en el salón. Una rápida mirada le bastó para observar que a la izquierda estaba la barra, a la derecha había una mesa con cuatro jugadores, otra con dos personas estaban apurando un botella de güisqui, al fondo, refirmado en las escaleras que subían al piso superior, un hombre bien vestido, por lo cual dedujo que sería el dueño del local.

Se situó al fondo de la barra y pidió un güisqui, era el mejor lugar para afrontar la tensa espera.

Entonces una ráfaga de viento apagó la vela; la estancia quedó iluminada por el fuego del hogar. Se levantó y cerró la ventana, el cierzo soplaba con fuerza. Ya continuaré leyendo, pensó. Había anochecido.

Llevaba unos días que no se encontraba bien. Acercó una sartén al fuego, vertió aceite y se dispuso a hacerse unos huevos fritos con tocino. Era su cena preferida, no le importaban los consejos del doctor, a fin de cuentas tenia setenta y ocho años. Estaba en una edad en la cual conocía a más gente muerta que viva.

Mientras cenaba comenzó a recordar cuando los domingos bajaba a Cunchillos a misa, los partidos de pelota en el juego, las partidas de guiñote en la taberna y las fiestas, de esto ya hacía muchos años .Ahora bajaba a por el pan y a comprar algunos artículos a la tienda. Se sentía uno más de Cunchillos aunque vivía en una “torre”, qué es como se denomina en esta zona a una casa en el campo.

Vivía solo, y más de una vez había pensado en comprarse una casa e irse a vivir a Cunchillos, pero, como decía su padre, ellos eran como el caracol: “que donde nace, pace”.

Terminó de cenar y se sentó al lado del hogar. Se tomó su café “de puchero”. Se sentía algo incómodo y decidió no irse tan pronto a la cama, cogió la novela y se dispuso a seguir leyendo.

Observó como entraban dos vaqueros y se colocaban en la parte opuesta a él. Seguidamente entraron otros dos y se situaron en la barra. Aquello le pareció sospechoso, acarició con su mano el revólver y vio como entraba otro por la puerta del salón.

Notó un pinchazo en el corazón como si una bala le hubiera dado de lleno, un intenso ardor le oprimió el pecho. La vista se le nublo y la novela cayo de sus manos.

Pedro Antonio Sánchez Marco

 

UN RECORRIDO POR CUNCHILLOS

Hoy es un bello día para recorrer, con calma, las hermosas calles de la pequeña y alegre localidad de Cunchillos, y también logro apreciar, con mis propios ojos claros, sus casas de ladrillo y de tejados de barro cocido, que me hacen recordar al agradable y pacifico pueblito donde yo nací y pase la mayor parte de mi infancia con mi familia y con la mayoría de mis amigos, pero este también tiene su magnificencia, ya que me transporta a otra época por su arquitectura medieval, y no olvidar la Iglesia de San Miguel Arcángel, que es parecida a cualquier otra que yo había visto en mis excursiones anteriores, pero es una de las que sobrevive gracias a la fuerza de su gente que no se rinden ante nada. Quisiera no irme nunca de este maravilloso lugar.

Sebastián Villa Medina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s