Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (46)

SONATA DE CIELO

La orquesta, en Cunchillos, silbaba notas en derroche de ritmo. La mujer que agitaba sus manos ardiendo de ruido, algo pesada sin apreciar la verdadera sensación del silencio en apreciación.

Yo, como siempre, atento a melodías sin tiempo para interpretar canciones de amor o para merodear entre lágrimas de belleza sin apreciar, pues la única mujer sin aplaudir y sintiendo la música de ese modo, andaba acechada por cuestiones que ni se enteraba.

Advertí que algo importante sucedía en tal desprecio por una mujer en silencio, no tuve ni un solo viernes donde no pudiera apreciar su misma conducta. Aplaudir en silencio a la orquesta y disfrutar del modo más sensible la música.

Tiene la capacidad de tocar melodías con el cuerpo, pensé. Y empecé a disparar miles de ideas alocadas, divertidas y con esa picara audiencia de todos los viernes de mediodía.

Un día, me acerque más a ella y me di cuenta que no podía más que sonreír y alejarse cual liebre en acecho de zorros viejos. Jamás, pude sentir la sensación de ver a una mujer tan especial en delicada atención al auditorio musical.

Su nombre es Miranda.

Ayer la vi tocando sueltas sonatas sin miradas más que a las cuerdas y no pude contener mi pasión por conocerla.

Loco mediodía en medio del tumulto con ruidos enloquecidos un pequeño violín repleto de bellas melodías que invitaban al silencio. No pude más que dirigir mis placidos sentidos a un romántico compositor de alegres sensaciones sin olvido.

Estoy con Miranda todos los días, salpicando silencio en medio de todo el ruido, y no puedo más que escucharla a ella. Inusitado comportamiento en quien puede abstraerse de tan complejo auditorio repleto de ruidosos vendedores, y fugaces escapes de motonetas.

El día que pude dialogar con Miranda, toda mi cuerda en chelo vestido de fiesta se estremeció cual flan fresco en gigante vaso fino.

No puedo más que amar su sincera honestidad por dar honor a compositores tan clásicos al modo que puede su idea de vivir.

Con ella aprendí el valor del silencio en medio del ruido inmenso.

Estoy tocando con Miranda sonatas de otoño en medio del ruido y sin embargo… se escucha el violín de una mujer que no puede vivir sin decir que la música es para quien sabe oír en medio de todo su ruido.

Porque aprendió a vivir…. y yo la sigo.

Silvia Alejandra Garro

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