Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (40)

PECADOS

Cunchillos. Dioses, todavía siento escalofríos al oír ese nombre. Quien iba a pensar que un pequeño pueblo alejado del mundo guardaría un secreto tan aterrador. Acercaros, pues os voy a contar la historia de un joven cuya avaricia y orgullo le llevaron a un lugar sombrío, plagado de rumores, secretos y miradas. Un lugar donde se respiraba a muerte.

Su nombre era cronista pues relataba la vida de jóvenes caballeros, poderosos nobles y temidos reyes. Fue gracias a este último, el rey ederbhos, por quien cronista acepto venir a dicho pueblo al haber oído diversos extraños sucesos, he aquí su historia.

Corría el año 1210 y pasaba graves apuros económicos, así que merecía la pena el investigar. Partí desde la antigua ciudad de Sades caminando como pude ya que no tenía caballo, ni suficiente dinero para alquilar uno. Sin embargo la fortuna estaba de mi lado, y encontré a unos comerciantes cuya ruta les dejaba cerca de Cunchillos. El trayecto se hizo más corto a la par que ameno, pues conocí a un joven trovador que nos contó pequeños secretos de las cortes para las cuales había sido contratado, todo un privilegio escucharle a la par que una estupidez por su parte al contarlo, pues yo sabría sacar buen provecho de esa situación para emplearla en mis relatos. También nos contó todas las aventuras amorosas de la corte y sobretodo, la lujuria de algunos de ellos. Pasamos más de dos horas hablando cuando me percaté de que no estábamos solos, justo detrás de él se encontraba una mujer con una larga túnica negra cuya capa y capucha le cubrían no solo la espalda, sino prácticamente todo el rostro. Apenas pude distinguir unos ojos azul pálido que miraban fijamente a la nada. Me quede contemplando su rostro, sus facciones en forma de lágrima hasta que giro sus grandes ojos hacia mí. Me quede completamente helado, no solo por su fría mirada sino por esa extraña forma en la que me observaba, como si quisiese analizarme. Me entro un sudor frio por la espalda junto con un escalofrío que recorría mi medula hasta agitar cada punto de mi ser. La presión que ejercía la mirada de la joven era cada vez mayor hasta tal punto que tuve que rehuir su mirada avergonzado, respirando con fuerza como si algo o alguien hubiesen tratado de ahogarme. – será mejor que la ignores, no está bien de la cabeza, ¿no ves cómo nos mira? Loca. – dijo mi compañero. No volví a mirarla de la vergüenza en todo el camino.

Seis horas más tarde llegamos a Cunchillos donde no nos despedimos, su orgullo, vanidad y envidia se lo prohibían, sin embargo no había rastro de la joven. ¿Dónde se habría metido? Deje mi pregunta en el aire mientras recogía mis bártulos y me dirigí hacia la única posada del lugar. Mi habitación no era lo más lujoso del mundo, pero contaba con una pequeña cama de paja y una vieja gloria a su lado para poder pasar las frías noches del invierno que se cernía sobre el lugar arañando los prados con sus heladas. Tarde mucho rato en conciliar el sueño, ¿Quién era esa mujer? No dejaba de repetirlo en mi mente buscando una respuesta, como si ya la conociese. Esos ojos…esa mirada tan inquietante…me sumí en un profundo sueño.

Un fuerte estruendo en el exterior me obligo a levantarme de la cama, ¿Qué hora era? ¿Por qué se escuchaban esos gritos? Me vestí rápidamente y baje. La plaza principal estaba abarrotada de gente sollozando, trate de abrirme hueco entre la gente hasta llegar al problema, que me golpeo de la manera más dura posible. En el centro de la plaza había un joven de unos quince años brutalmente mutilado, su rostro apenas se podía identificar, sus brazos colgaban de el en una posición bizarra, ni siquiera sabía que el cuerpo pudiese ser capaz de adoptar una forma así. Su tronco estaba totalmente abierto, separado en varios trozos. Sus vísceras se encontraban repartidas por el suelo y los arboles cercanos dando un aspecto macabro a tan siniestra obra. – todo el mundo fuera, no hay nada que ver, por favor márchense todos – dijo el regidor. Yo no daba crédito a tan grotesca imagen, al parecer el joven era conocido en el pueblo por lo que nadie tenía motivos para hacerle daño, y mucho menos asesinarlo tan brutalmente. – ¡han sido ellos! Exclamo un anciano señalándome con el dedo. La gente que se encontraba cerca de mí se separó rápidamente a la par que se sobrecogían. – eso es una estupidez, ¡¿qué motivos iba a tener para hacer esto?! – dije tratando de defenderme. De repente se escucharon unos gritos y se vio un forcejeo en la plaza. Un hombre corpulento tiro a una joven al suelo, llevaba una túnica negra y una capucha que se había quitado con el impacto tras caer al suelo. Era la joven de ojos azules. Rápidamente me acerque a ella para levantarle del suelo y ver si estaba herida, nuestras miradas se cruzaron de nuevo y pude ver la ira en su rostro. – Déjales Cisco, son nuestros invitados así que ni se te ocurra volver a agredirles – le espeto el regidor al corpulento hombre. – llévate el cadáver de aquí, ya sabes que hacer.

Cisco se llevó lo que quedaba del maltrecho cuerpo para entregárselo a sus padres cuando se dio cuenta de que en su garganta había una pequeña nota, muy asustado dejo el cuerpo en el suelo y leyó en voz alta: “Sois los siguientes.” La muchedumbre se agito aún más mientras el regidor trataba de calmar al gentío sin éxito. Decidí alejarme de aquel lugar tan rápido como pude buscando refugio en mi habitación. Intente calmarme tratando de escribir pero no era capaz, de repente un golpe en la puerta me sorprendió. – el entierro del joven es esta noche, beberemos algo todos en la posada, eres bienvenido si quieres- dijo el regidor.

Unas horas más tarde estábamos todos reunidos en la posada, cruce la mirada con varias personas hasta que vi a la mujer de ojos azules sentada en un banco muy alejado. El regidor decidió tomar la palabra – bien, ya estamos todos reunidos, hay algu…

Silencio. La estancia quedo sumida en la más solemne de las penumbras, las antorchas se habían extinguido, la gente se sorprendió pues las puertas estaba cerradas, ¿Qué ocurría? De repente se empezaron a oír fuertes golpes acompañados de gritos, la gente estaba histérica, se empujaban, se golpeaban, se apartaban como podían en la penumbra. Los golpes cada vez eran más fuertes y rápidos, hasta que se escuchó un último golpe y la estancia quedo sumida en un completo silencio. De la nada las antorchas volvieron a encenderse, como si se tratase de brujería. Y allí estaba. La estancia estaba totalmente cubierta de cadáveres como el del joven, el olor era nauseabundo, las vísceras colgaban de las paredes. Y ella me miraba. Sus pálidos ojos me miraban inquietos, de sus labios colgaban trozos de carne, su cara estaba completamente manchada de sangre y en sus brazos aun sostenía la cabeza del joven trovador que se había burlado de ella. -¿porque a mí no?- le pregunte asustado a la par que intrigado. La joven sonreía. – ¿¡quién eres?! Grite. – me llamo Deiwon. Todavía más asustado decidí hacerle la que probablemente sería mi última pregunta: -¿voy a morir?

La joven soltó la cabeza que cayó al suelo, las luces se apagaron. Note sus afiladas uñas en mi vientre que se rasgaba cada vez más rápido, el dolor inundo mi mente y grite mientras ella reía presa de la locura. Acto seguido desgarro mi cuello, La sangre brotaba rápidamente, trate de tapar la herida con mis manos pero mi cuerpo no reaccionaba, su lengua recorría mi herida a la par que reía aún más fuerte.

Desperté. Todo había sido fruto de una pesadilla, decidí cambiarme de ropa y abandonar el pueblo. La gente paseaba por la plaza ajena a cuanto había soñado, emprendí la huida lo más rápido posible atravesando la espesura del bosque cuando la vi. Sonreía mientras se quitaba la capucha, dejando al descubierto una preciosa melena negra. Caí rendido de cansancio al suelo y deje que el silencio nos inundase. Un silencio profundo y ancho como el final del invierno, grande y pesado, paciente e impasible como el de las flores al ser cortadas. El silencio de un hombre que espera la muerte.

Pablo Delpón

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