Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (37)

NAVIDAD

Mamá decía que esos días el centro era un loquero. Por eso tuvimos que esperar hasta casi las siete y media para salir. Caminábamos por la vereda de la sombra, donde estaban casi todos los negocios, aunque cada tanto teníamos que cruzar a la de enfrente a comprar alguna cosa. Como la mayoría de los niños, detestaba caminar y hacer mandados, pero ese día lo único que me importaba era que cuando llegásemos al final de la calle Cunchillos íbamos a ir a la juguetería a dejar mi carta para Papá Noel.

Ya desde la plaza podíamos ver la cantidad de gente que se amontonaba en la vereda de la juguetería. Adultos y niños depositaban sobres, hojas dobladas y dibujos, en el gran buzón que está en la entrada de la puerta vidriada. Junto a él, Papá Noel los saludaba y les entregaba caramelos. Mamá y yo nos hicimos paso entre la gente. Le pedí que hiciera la fila que se había formado para depositar las cartas y mientras fui a ver lo único que realmente me importaba: La vidriera más grande. La que está a la sombra. La gente se había juntado justo adelante y apoyada allí, esperaba a que los niños recibieran los caramelos de Papá Noel. Pedí permiso y me dirigí al lugar que sabía de memoria. El estante de arriba, al lado del oso de peluche, entre las patas de rana y el juego de tacitas de té: Allí estaba ella, Lucía, la muñeca más linda del mundo, sentada, esperándome, contando, como yo, los días que faltaban para estar en casa. Tras los pliegues de su floreado vestido se traslucían sus piernitas y asomaban unos zapatitos blancos con hebillas a los costados. Su pelo era amarillo como el corazón de las margaritas y sus ojos, dos bolitas turquesas y brillantes. Lucía tenía una mamadera con un líquido que parecía leche de verdad y un chupete al tono con el vestido. Así lo había escrito en la carta para que Papá Noel no se la confundiera con otra; para que supiera que era ella el regalo que yo quería.

Mamá vino a donde yo estaba y me dijo que ya casi me tocaba el turno, entonces regresamos a la fila. Saqué de mi bolsillo de atrás del pantalón el sobre que había cerrado con plasticola y estaba a punto de ponerlo en el buzón cuando escuché la voz de mamá. Era su voz pero le salía entrecortada, agitada, inentendible. Entonces me di vuelta y vi que mamá empujaba a una señora que tenía a su hijo de la mano. La conocí. Era Irma, la compañera de trabajo de papá. La mujer retrocedía y tapaba la cara del niño y mamá le decía si todo el banco lo sabe, que me venís a saludar. Y mamá tiraba puñetazos al aire y la gente empezaba a rodearlas. Irma lo único que quería era que mamá se callara pero mamá que no era mamá tenía los ojos descompuestos y le decía vos no me haces callar. La otra tomó a su hijo de un brazo y comenzó a llevárselo pero mamá la agarró de la blusa y tuvieron que frenar. Entonces mamá se agachó para quedar a la altura del niño y lo miró fijamente, tenía la mirada fría y la voz distorsionada. Y repitió vos Irma no me vas a hacer eso y ¿Sabés qué?, le dijo al nene: Papá Noel no existe. Papá Noel son los padres. El hijo de Irma la miró y primero esbozó una mueca, pero después rompió en un llanto desconsolado. Y entonces mamá que no era mamá me miró y me dijo son los padres, Mariana. ¡Son los padres, chicos!, empezó a gritar mientras corría de un lado a otro de la vereda de la juguetería. La voz le salía cada vez más finita hasta que a lo último era un ronquido, pero mamá no dejaba de repetir eso. Entonces la gente comenzó a insultarla, a correrla y ella que no era ella comenzó a revolcarse en la vereda, mientras se golpeaba la cabeza con el cordón. Yo no podía seguirla porque cuando llegaba hasta donde estaba se iba para otro lado hasta que vino el dueño de la juguetería con un policía que se llevó a mamá. La gente decía que barbaridad, los chicos lloraban y gritaban, los padres les decían que esa mujer

estaba loca, que mentía, pero yo en lo único que pensé fue en Lucía, en las cosas que le había preparado. No, Lucía, no. Entonces fui a donde estaba el Papá Noel que repartía los caramelos e hice lo que tenía que hacer.

María Paz Schechtel

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s