Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (28)

ILUSION RENACIDA

Todo ocurrió el día que salíamos la familia de vacaciones camino de Soria, la ruta incluía visitar la Catedral de Tarazona y después degustar el vino que mi compañero de Cunchillos hacía tiempo que insistía que tenía que probar y que nunca llegaba el momento, los niños cantaban las canciones del cole y contaban todos los coches rojos, azules o blancos con que nos cruzábamos preguntando continuamente cuanto falta, cuando de pronto el impacto hizo que el coche quedara como si del suelo hubiera emergido repentinamente una pared, habían pasado dos días cuando me vinieron a decir que estaban todos llenos de magulladuras y huesos rotos pero afortunadamente vivos y que se iban a recuperar lentamente, sin embargo el accidente iba a producir un cambio radical en mi vida, fueron dos años donde la noche se convirtió en mi compañía, dos años donde el frio es lo único que notaba en mi cuerpo, para mí las noches no eran oscuridad sino silencio, desde aquel día que el camión que circulaba delante de mí se le cayó una viga incrustándose en el parabrisas de mi coche quedando clavados en mi cara cientos de cristales.

Después de levantarme la cura el operador me visitó en la habitación para comunicarme con toda la delicadeza que pudo, que no volvería ver más, quizás un trasplante podría producir el milagro.

El señor Tomás, el librero de mi barrio, al que me une una vieja amistad me venía a visitar con cierta frecuencia con un libro siempre en la mano, me leía relatos cortos y algún poema, lo que hacía que los días de hospital no fueran interminables, yo le bromeaba diciéndole que como cliente podía darme de baja, pero él decía que la amistad debe de estar siempre de espaldas al interés.

Llegó el día que me dijeron que podía marcharme a mi casa. Cada paso que daba era un tentar a la suerte y caer en cualquier irregularidad del suelo. Cuando todos dormían salía al jardín para oír el silencio de la oscuridad y sentir la caricia del viento en el rostro. Me acostumbré al olor a familia al amanecer y también a la hora nocturna del descanso, sin embargo no soportaba el olor a soledad cuando estaba solo en la casa. Empezaba a olvidar cualquier color que no fuera el negro, el color sin color, que no sabría cómo identificar. Cuando sonó el teléfono me apresuré a cogerlo tropezando con una silla como me ocurría siempre en estos casos, era del hospital, había surgido casualmente un donante cuyo tipaje coincidía con el mío, una hora más tarde llegaba con Luisa me esperaba todo el equipo, tenian todo a punto para la delicada intervención.

Cuando desperté había desaparecido el blanco como me habían contado de la estancia, el conglomerado de cachivaches, las batas de los sanitarios, las paredes, incluso los rizos que salían por debajo de la cofia de Julia, todo había adquirido el

aspecto de un arco iris, los colores se mezclaban entre sí, esto fue lo primero que percibí, no sabía si eran mis nuevos ojos o la mente que me quería gastar una broma, sentí que se respiraba la paz, se sentía el frescor del final de una tormenta, hasta sentía la humedad que deja la lluvia flotando en el aire, se me habría una ventana a un mundo olvidado del que continuamente oía sus maravillas. En el hospital de Zaragoza la satisfacción y la alegría en el equipo se palpaba todo eran abrazos y felicitaciones entre ellos.

Sin dar tiempo a abandonar el quirófano, el operador jefe que había dirigido la intervención agrupó al equipo y les advirtió.

-Para poder llegar a este punto han sido años de estudio y esfuerzo, por tanto.

-Antes de que la prensa se haga eco de la noticia hemos de hacer juramento de silencio como dicen las normas establecidas en esta empresa, o las consecuencias serán similares a las de anteriores ocasiones que todos ustedes conocen.

Después de dos años, la adaptación de nuevo a mi antigua vida ese era mi reto pendiente con el apoyo incondicional de los míos, en la fábrica me esperaban con el alborozo que nunca hubiera imaginado, he vuelto a ocupar la silla que me estaba esperando, creo que la tapicería ha avivado el color azul original, estoy seguro que lo ha hecho al verme entrar a las ocho de la mañana, no habría permitido que otro trasero se hubiera posado sobre ella.

Hoy de nuevo he vuelto a madrugar, faltan solo unos días para salir de vacaciones, después de tanto tiempo la ilusión me hace estar nervioso cómo un niño cuando hace su primera salida en solitario con los amigos y con la obsesión de no olvidar nada, (cosa imposible), llevo unas mañanas que me levanto al amanecer, con la intención de adelantar los preparativos antes de salir para la oficina, desayuno y dejo pasar el tiempo, realmente no tengo nada que hacer, solo repasar mentalmente lo que he hecho tantas veces, porque tengo desde hace más de dos años una asignatura pendiente. Visitar la catedral de Tarazona y darme un garbeo por Cunchillos.

Jesús Clavería Clavería

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