Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (26)

HACIA EL HALLAZGO

Flagelantes rayos solares caían sin cesar sobre Aragón, aquel verano del 2007, la sequía era la más alta que se había registrado, cualquier persona sabía el motivo de aquello, pero pocos hacían frente al problema, el Dr. Enrique siempre decía que estamos al filo del acantilado y que llegaría un momento donde la única opción sería saltar al abismo, él era profesor en la facultad de ciencias antropológicas en Zaragoza, había recibido por fin autorización para realizar unas excavaciones en Tarazona, estaba esperando ese documento durante dos años, ya que antes se habían hallado unos antiguos escritos árabes, estos hacían mención de sepulcros militares Visigodos en la región, si se hallaban los restos aportarían información nueva. Según los textos antiguos, las excavaciones se realizarían en lo que es hoy un descampado que fungía como estacionamiento, en la calle san Juan, atrás de la parroquia la Magdalena. Yo era un alumno de posgrado que tuvo el privilegio de acompañar al doctor junto con otros colegas.

El sol estaba aplomo, aunque en las mañanas era fresco, pues las casas solariegas nos cobijaban con su sombra. Había transcurrido una semana en las excavaciones, y no hallábamos indicio arqueológico, no fue sino hacia la mitad de la segunda semana que lo hayamos, una micronecrópolis de principios del siglo VIII, de apenas cinco tumbas, los restos se conservaban bien, sus ajuares denotaban que habrían sido militares, sus ataúdes de madera ayudaron a la buena preservación, aunque estos contenían pocos clavos. El profesor Enrique supervisó y extrajo algunos ataúdes, estos fueron examinados minuciosamente en la universidad, mientras tanto el profesor decidió continuar más a fondo en las excavaciones, pensó que probablemente no habían sido los únicos restos que se hallaban ahí, y su corazonada no le falló, al término de la segunda semana encontró lajas, estas eran la tapa de una cista, dentro se encontraban los restos de algún importante militar, se hallaba en posición fetal, contenía además un escudo y espada, un anillo, vasijas de bronce y una de cerámica muy delgada con un fondo ancho, el descubrimiento fue impresionante, pues la cista era postimperial, de la mitad del siglo V, tal vez el militar estuvo a la orden de Alarico I. Los restos se llevaron con cuidado a la universidad para su análisis, a mis colegas y a mí se nos encomendó analizar los restos, mientras que el profesor se encontraba intrigado, pues él decía que algo no encajaba, todas las vasijas eran de bronce a excepción de una, esa vasija de cerámica no parecía tener conexión, era tan común, por lo menos eso decía él. Una tarde, él examinaba la vasija detenidamente, notó que en su interior contenía algo, lo podía ver con la ayuda de una lámpara, entusiasmado fue por unas pinzas largas y extrajo el contenido, el cual era un pequeño pedazo de pergamino, tradujo inmediatamente el texto, y este decía: De donde los impíos viven de la fe, la codicia se purifica en la tierra del concilio, ante los ojos planos del mundo. El profesor estaba asombrado, intentó dar significado de aquellas palabras, dedujo que al mencionar viven de la fe es una clara alusión de que era creyente, tal vez arriano, él compartió el hallazgo con sus colegas, para poder descifrar el verdadero significado de aquellas palabras, todos asintieron que la frase De donde los impíos viven de la fe, provenía, de acuerdo a la época y contexto, del prólogo del libro La ciudad de Dios de Agustín de Hipona, por lo tanto la frase se refiere a Roma, después del saqueo de los Visigodos, todos quedamos asombrados con dichas conclusiones, pues esto dictaba que probablemente el militar de considerado rango pudo haber participado en dicho suceso, ya que las fechas concordaban, y se afirmaban con la prueba de carbono catorce, pero para el resto del texto nadie encontraba explicación, ¿Qué significaba la codicia se purifica en la tierra del concilio, ante los ojos planos del mundo? Fue entonces cuando me levante, en medio del conclave de mis colegas y dije –yo soy de Cunchillos- uno de mis compañeros respondió –eso ya lo sabemos, ¿Qué relevancia tiene ahora?- El profesor Enrique me observó detenidamente, por la emoción no podía hablar, entonces el profesor dijo sin desviarme la mirada –exacto, tienes razón, es totalmente relevante, es simplemente increíble- los demás colegas aún no comprendían, entonces el profesor procedió a explicar que el nombre Cunchillos proviene del latín concilium, por lo que la frase hacía referencia a que ocultó algo en Cunchillos, y ya que la codicia de Roma donde los impíos vivían de la fe, era claro que es parte del botín del saqueo de Roma, Cunchillos está a pocos minutos de la cista, y era el lugar donde se encontraba un tesoro, ¿Pero en qué parte?, la respuesta se hallaba en la última frase, ante los ojos planos del mundo.

Una vez en Cunchillos, recorrimos la zona desde la calle Ombo hasta la Virgen del Pilar, nos apoyábamos en imágenes satelitales, pero no teníamos algún indicio, aún no descifrábamos la última frase. Sólo el profesor y yo seguimos recorriendo en busca de alguna conjetura, los demás colegas habían partido a sus hogares por la frustración. Nos hallábamos en la intersección de la calle Portillo y Ombo, decidimos subir por la escalinata, el profesor me dijo que era curioso que se llamara calle castillo cuando que había sólo escalones, entonces le conté que se llamaba así porque antes existía un castillo al final de los escalones, en la planicie, era un lugar estratégico donde se podría ver desde muy lejos, el profesor se detuvo en seco y dijo -¿Será posible?- yo no entendí, y me explicó –la planicie está ante los ojos de todo el mundo, ante los ojos planos del mundo- en esa planicie se encontraba el tesoro, donde después se edificaría el castillo, y que en la actualidad se encontraba ocupado por bodegas. Acudimos al propietario de la bodega del centro de la planicie, pedimos su consentimiento para realizar una excavación, previo a una larga explicación, el dueño aceptó, comenzamos la excavación dentro de la bodega, y a diez metros de profundidad hallamos un arcón con herrajes de bronce, dentro se encontraba el hallazgo más grande del segundo milenio, joyas preciosas, monedas de oro, anillos, medallones, objetos de las más mundanas riquezas que cultivaban la codicia en los hombres. Tras el hallazgo y con ayuda de las autoridades, se adquirieron los predios circundantes de la bodega, se edificó una réplica del castillo que se asemejaba a los relatos en el lugar original, este fungiría como museo de los tesoros encontrados, y se relataría la historia del hallazgo.

Al parecer, el militar que ocultó el arcón no se sentía digno de aquellas joyas, por lo cual se “purificarían” enterrándolas y haciéndose merecedores de ellas quien o quienes las hallasen. Entre los objetos encontrados, yacía un pequeño rollo de bronce, este era una copia fiel del Rollo de Plata, por lo que una nueva aventura nos aguarda.

Ricardo Rivera García

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s