Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (20)

“CRONICA DE UNA REVISION TECNICA”

Desde acá no se ve el principio de la fila. Luego avanzo y veo un semicírculo de coches que se pierden en el horizonte. Calculo horas. Me bajo, me estiro como un gato, vuelvo al coche. Radio: Política, farándula, política, choques, robos, política. Batería del móvil: 48%. Cargador: en casa.

Dosifico redes sociales, Instagram. Bloqueo el móvil. Twitter. Bloqueo el móvil. Me quedo en Facebook. Fran está en una relación. Transpiro helado. Rabia. Incredulidad. ¿Desde cuándo? No encuentro foto de él. ¿Alguien conocido? ¿Compañero de trabajo? ¿Apoderado del colegio? ¿Cómo puede ser? Terminamos apenas hace 10 días. Ella ya está de novia y yo sigo mirando su Instagram, su Facebook. 30 veces al día. Y no puedo dejar de emborracharme.

Pasa dos horas. 10 AM. Voy hacia el principio de la fila, pero después de tres cuadras aun no llego. Desisto. Vuelvo al coche. Pregunto a la adolescente de piercing y tatuajes adelante mío por qué avanzamos tan lento. “Parece que faltó la mitad de los empleados del centro de inspección”. La mitad. 8 AM. Hora peak en la última semana de agosto. Vuelvo al coche. Batería: 18%. Posteo de las 8.43. Fran se va de viaje. A Cunchillos. ¿A Cunchillos?! La invité tres veces antes y nunca quiso. Ahora le gusta. Quiere celebrar el Cipotegato. Adjetiviza con un “¡Feliz!” Con exclamación. O sea muy feliz. Golpeo la ventana del auto. No tan fuerte. Si rompo el vidrio adiós permiso de circulación.

Son las 9. No desayuné. No café. No emparedado. Batería: apagada. Abro guantera. No hay Pristiq. No hay botellín de whisky (¿dónde lo dejé?). Lloro, me duermo. Me despierta bocinazo de septuagenaria de atrás. Avanzo sólo 5 metros. Empiezan los primeros bocinazos. Parten tímidos. Uno, luego otro. Un minuto después varios. No puedo identificarlos. Se confunden. Toco la bocina. Largo.

Adolescente de adelante prende la radio. Fuerte. ¿Sex Pistols? ¿Death Kennedys? Pongo la radio. Hoy juegan Chile y Argentina. En Argentina. Imagino gol épico. Final del partido. Vaselina de Alexis.

Vuelvo a la realidad. No nos movemos. Eppur no muove. Pienso que las filas son condenas. Crueldad institucionalizada. Gratuita.

Bocinazos no paran. Llega la policía. Hablan con bocineros. Oficial gordo y chico habla conmigo. Autoritario. Me amenaza con llevarme a su unidad. Le pregunto por qué tanta demora. “Hay una huelga de empleados del centro de inspección”. Quiero llamar a Fran. “¿Me presta su teléfono?”. “Negativo”, responde.

Adolescente baja a fumarse un pucho. Me ofrece. “No fumo”. Cierro la ventana del auto. Me hace gesto de desprecio. No hay peor lugar para coquetear que este. No hay peor cosa que coquetear. Transpiro, se me corta la voz. No sé qué decir. El clima, amigos conocidos. Me carga. Saca el estúpido que llevo adentro.

Varios se bajan de sus coches. Conversan. Gritan y gesticulan. Designan a alguien para investigar al principio de la fila. Me acuerdo de “La Autopista del Sur” de Cortázar. No quiero bajarme. No quiero participar. Reniego de los grupos. Son peligrosos. La gente se pone fascista. Prefiero alegar solo. Vuelve delegado: el 20% de los empleados sigue trabajando. Motivos de la huelga, lo de siempre: mejoras salariales y de condiciones de trabajo. Piden al jefe. Que se cumpla con las demandas. Sino no vuelven. Jefe no contesta.

3.48 PM: ¿Estatus? No avanzamos. Imagino a Fran viajando por la E-90. En un convertible. Con un pañuelo al viento y gafas de marco blanco. De la mano del otro. De ese maldito. Riendo, disfrutando de un día de sol. Ese mismo sol que para mí es un martirio. El coche indica 33 grados. El sol entra directo por la ventana. El aire acondicionado no funciona. Se me rostiza el brazo.

Se acerca un tumulto. Unas 20 personas. Con pancartas. “Basta de abusos”. “Dignidad para los empleados”. La adolescente de tatuajes y piercing baja de su coche. Se une al grupo. Grita: ¡Dignidad! ¡Dignidad! El grupo la sigue. Se reúne grupo de automovilistas. El delegado se me acerca. “Amigo estamos juntando dinero. Para hacer una contra huelga”. “No creo en los grupos”, digo. “¿Cómo que no cree en los grupos?” “Son fascistas. Organización vertical. Impositiva”, respondo. Delegado me mira y se ríe con sorna. Se va. Se da vuelta para mirarme. De nuevo con sorna.

5.56 PM. El jefe no contesta. Se especula que está en un paseo rural. ¿Cunchillos? ¿De la mano de Fran? La huelga se radicaliza. Se prenden neumáticos. Avanzamos 30 metros. Un record.

¡Joder! Recuerdo que hoy es la presentación escolar de Nico. En vente minutos. No puedo salirme de la fila. No porque no quiera. No puedo. Los coches están muy pegados. La huelga bloquea la calle. Piden al alcalde. O al ministro del interior. Están locos. No hay mediación. Policía exige dispersión. Negativa. Policía amenaza disolver con carro lanza agua. Escucho un claro “No nos moverán!”. Forcejeo. Carro lanza agua. Gente sobre los coches. Caos. Cierro las ventanas. Este país se va al carajo. Por culpa de los empresarios. Y los políticos que viven de los empresarios. Los políticos son la renuncia de la razón.

6.55: Odio mi trabajo. Quiero renunciar. Quiero un año sabático. Los huelguistas se defienden. Queman un coche. La contra huelga se defiende. Se escudan detrás de la policía. La contra huelga tiene oposición. La adolescente y otros. Son jóvenes. Tienen ideales. Ese defecto que se pasa con los años. Yo tuve ideales. Cuando tenía cabello. Y una novia. Hoy me faltan ambas cosas. Hoy me faltan muchas cosas. Voy a renunciar mañana al trabajo. Me voy de España. Lo decidí. A olvidarme de Fran, que debe estar tomando una copa de champagne en el lobby del hotel. Siempre riendo. Siempre de la mano de ese que quizás sea el jefe. El que no contesta.

7.32: Caen un par de piedras. Los policías se pliegan. Los huelguistas se pliegan. Porque llega el jefe. Vestido con ropa casual. Solo le falta un daiquiri en la mano. El líder de la huelga le habla. Entran a una oficina. Ya avanzamos un poco más. Veo el centro a unos 300 metros. Jefe habla a viva voz. Abraza al líder de la huelga. Jefe habla. Pide perdón a los usuarios. La huelga se destraba. La fila avanza. Mi turno. Empleado se acerca al coche. “Se echó a perder el sistema computacional” ¡El sistema! Esa clásica justificación a todo. Espero una hora más. Me meo. Cae la noche. Sigue el calor. Tengo hambre. Tengo sed.

Vuelve el sistema a la 1.30 AM. Ingreso al taller. Me rechazan la revisión. Debo volver mañana. Pero vence el permiso de circulación. Me va a salir más caro. ¿De dónde saco la pasta? No puedo renunciar. Me voy a casa. Pero hay embotellamiento en las cercanías. Quiero apurarme. Quiero dormir. Soñar con Fran y despertar temprano. Para ir al trabajo. Y en la tarde al garaje. Y así lentamente volver a ser el que en la mañana se puso en una fila.

Sebastian Beckmann Manchego

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