Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (10)

EL LARGO ADIÓS

Entre el adiós y la espalda, nació la sombra. Creció el poder en la imaginación del muerto. Resucitó en el cementerio de Cunchillos con el buitre que se estaba comiendo el silencio. Ya no tenía que apelmazarse en el rincón de la araña, pero había una historia irresoluble de vida, algo callaba para que fuera escrito.

El muerto se levantó al sol de poniente, estiró sus extremidades y se estremeció del crujido. Repasó sus cejas de medio pelo y midió el peligro de que le descubriesen. Nada tenía que contar de Dios: él no era una persona, tal vez una rata o una serpiente, un psicópata o un asesino. Para que no fuera un niño, tuvo que verlo, pero le cegó una luz que no tenía a dónde. Entonces cerró los ojos y vio que se había tirado de la Torre de Samanes. Y eso es lo que había hecho, levantarse, despertarse de vivir en las tinieblas del submundo. La penumbra le había hecho entender que lo mejor es que la luz te hiciera sombra.

Sin más se cortó los párpados, para no cerrar los ojos nunca, y aunque nadie lo había visto, su grito se repitió en la expansión de su herida. Una mujer, devota y casta, se acercó a ultratumba de mucho miedo, y, con la sabia ignorancia de caer de rodillas, rogó a Dios que no fuera nada:

– ¿Quién anda ahí? –dijo la mujer

Pero nadie respondió a su plegaria. Solo el eco de su voz repitiéndose en la duda, la hizo volver a su cuerpo. De repente vio un trozo de piel en el suelo, era el párpado cortado y con sangre.

– ¡Dios mío! –se dijo la mujer

Pero no apiadó el corazón del muerto. Asustada reculó unos pasos atrás y se resbaló con el otro párpado sangrante, entonces el muerto no tuvo más remedio que pegarle una pedrada y dejarla muerta.

– ¡Zas! –se dijo a sí mismo– Ahora no podrá negar que tuvo suerte

Y ella salió de su cuerpo y entró en la oscuridad de la luz. Tuvo un primer destello, como el que había tenido el muerto, y con la gracia de saberse el miedo de memoria, ser tocó para ver si estaba entera:

– ¡Madre del amor eterno! –se dijo– ¿Quién eres tú, si se puede saber?

– Soy el que te ha sacado de la vida –respondió el muerto

– ¡Cómo! –dijo la mujer contrahecha

Y al menudo de mirar su cuerpo desangrado, al pronto le vinieron unas ganas tremendas.

– ¡Menudo cabrón! –le dijo de buenas– ¿Por qué has hecho eso, oh calavera?

Y el silencio se fue quedando sin palabras, o con unas palabras de agua o viento. Solo en ella existían las ganas de pegarle a modo de rayos y truenos, y, precisamente, por ser su voluntad, empezó a llover y relampaguear.

– ¡Dios mío! –se dijo la mujer

– ¿Tienes súper poderes? –preguntó el hombre

Pero nada conseguía rebajar la temperatura del nada adecuado enfado de la mujer. Sin más cayó un rayo sobre el hombre, partiéndolo en dos y descalabrándolo, mientras ella se reía de lo mal que existía en ella la noche. Al pronto se fue al olvido, sin tener a dónde sus pies ciegos, y, con la malaventuranza de su cabreo, se fue a donde su destino le llevó. Ya en casa, recurrió a mirarse en el espejo, y no vio nada. Solo la luz, que era ella, en medio del cuarto oscuro. Probó a encender la luz y ella se convirtió en sombra. Así que decidió hacerse una foto con la Polaroid y la dejó encima de la cómoda.

Sin más llegué yo y vi la foto, y aquí estoy, contando esta historia. No hace falta decir que tiré el juego de brujerías y nunca más volví a contactar con los espíritus.

Donís Albert Egea

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s