Microrrelatos presentados a “microCunchillos” II (5)

JAMÁS ESPERAS UN MOMENTO QUE NUNCA CREES QUE VA A LLEGAR….

CUNCHILLOS lo era todo para ti y no me lo puedo imaginar sin tu presencia… Visitar tu pueblo jamás será lo mismo, aunque cualquier rincón, plaza o calle traerá a mi mente gran cantidad de imágenes y recuerdos que allí compartimos.

Sus estrechas calles te vieron NACER, CRECER y DISFRUTAR de tu alegre juventud.

Solo con tu presencia y simpatía eran suficientes para brindarnos momentos únicos.

Víctor Berges Magallón

 

LA FOGATA

En una noche gélida las personas del pueblo de Cunchillos se reunieron junto a una fogata. El fuego de la hoguera bailaba con más fervor a medida que las personas a su alrededor contaban historias, reían y cantaban. Al amanecer el fuego de la hoguera se transformó en brasas. Y mientras lentamente se iba perdiendo en el olvido de las cenizas, rememoraba con felicidad haber sido parte del pueblo.

Daniel Alvaro Paz Velez

 

LA FUENTE

De la fuente de los seis caños brotaba el agua con alegría, saciabas nuestra sed, se enturbió, dejó de nacer, se fue la alegría, volvió la sed.

Poeta Cunchillos

 

LÁGRIMAS DE DESPEDIDA

Al entrar en Cunchillos, tras ser guiado por la torre de Samanes, un caminante se marcha llorando.

Un joven se despide de su gente y del pueblo que un día lo vio nacer. Maleta en mano se gira, y allí en la tierra, su corazón deja clavado.

Me dice que disfrute de su paraíso, donde la historia recorre cada rincón y los jornaleros labran sus frutos con sudor; que él por la crisis su hogar abandona.

Antonio Simón Jiménez

 

LA LIBERTAD, SI EXISTE, SERÁ TODO

En mi próxima vida seré libre.

 

Sembraré un cedro y escribiré verdades.

Con un smartphone y dos mudas de ropa visitaré ese famoso templo en Cunchillos, pero también los rincones ignorados.

Comeré dentro de un baobab y escucharé el desierto.

 

O quizá no lo haga.

 

No habrá plan, ni recursos, ni amigos, ni propósito.

Seré libre o sabré que no es posible.

Teddy Castillo

 

 

LA LUNA

Conquistó la montaña en plena noche,

dejando Cunchillos bajo sus pies,

adoptando una postura digna de tal hazaña.

Y de repente la vio, entre nubes que desaparecían,

más grande, radiante y blanca que nunca.

Una pregunta inocente surgió en su mente:

¿sería el único que la estaría mirando?

Y fue en ese preciso momento en el que

abandonó toda soberbia posible

y comenzó a sentirse muy muy pequeño.

Cristina Lázaro Gómez

 

LA MIRADA

Mendigos, gatos lustrosos. Niños tristes y en una esquina de Cunchillos, el hombre que se detiene y mira al cielo. Como hace el otro que le observa y la mujer que deja el carro de la compra y la madre, joven, admirada por sus curvas que suelta el carrrito con el bebe para mirar al cielo, al lugar que miraba el hombre que libre de la peste traicionera en su ojo continua su camino.

Francisco Bautista Gutierrez (Autor de “Amor y Vida en el Sahara”)

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