Microrrelatos presentados a “microCunchillos” II (4)

EL SECRETO DE UNAS BUENAS VACACIONES

Tras 20 años de maridaje, era tiempo de reavivar nuestro amor. Ella abandonó su rictus amargo, ilusionada. Al día siguiente fui hasta la agencia de turismo.

―Siempre quisiste conocer Cunchillos, ¿verdad? ―y le alcancé el boleto―. Todo un mes recorriendo Aragón.

Miróme desconcertada: aún quedaba otro pasaje sobre la mesa.

―Ah sí: para mí elegí el Caribe. La pasaremos genial ―concluí, sonriente.

Maximiliano Sacristán

EL TABACO

Sufrió un fuerte acceso de tos, salió del tele club y encendió un cigarrillo. El humo penetró por los pulmones y se sintió aliviado, era lo único que lo calmaba.

“La causa era el tabaco” le había dicho el médico.

La tos se le pasó, pero notaba que le faltaba el aire. Sintió que se estaba muriendo, miró el paquete de tabaco y leyó: “el tabaco mata”.

“Sí, pero poco a poco” pensó él.

Pedro Antonio Sánchez Marco

 

EN CUNCHILLOS, AQUEL VERANO DE 1957.

Me están dando alcance. Agotado llego a la cima, monte Tierra-Batán. Me bajo los pantalones, les agito el trasero. Me lanzo al vacío. Floto, no hay gravedad.

Los veo diminutos, ya no oigo sus gritos de guerra.

Abro brazos y piernas, me quedo inmóvil como el gavilán. Soy libre.

Planeo a ras de suelo. Soy golondrina.

Los gorriones me despiertan, abro un ojo, un rayo de luz entra en mi alcoba.

José Luis Gómez Ledesma

 

“FLASH”

Trazo manejado con destreza por un diestro pintor, besos furtivos. En Cunchillos, miradas cómplices dan paso a una noche mágica propia de un cuento de hadas, con la Torre de Samanes de fondo.

Rafael Bailón Ruiz

 

FUGACIDAD

De entre cien fuiste tú. Viniste a mí; fui yo. Allí en lo alto, nuestro Ombo. Un segundo, todo terminó.

Raquel Zamora Saenz

 

HERENCIA

Me marcho con solo esta maleta, dijo el joven. El abuelo contestó – Te llevas la historia de Cunchillos; tierra fértil por la que pelearon romanos, los de Navarra y Aragón, cristianos y musulmanes y las huestes napoleónicas. Cargas el coraje de un pueblo y la lucha de tus padres en dar todo por ti. El joven lo supo. Su viaje sería corto. El mundo era chico comparándolo a su terruño.

Guillermo Horacio Pegoraro

 

HUYENDO DE NUESTROS FANTASMAS

– ¡No dejes de mirar atrás! Grito mientras conduzco.

El motor del coche ruge cuando piso el acelerador. Estoy tan aterrado que ni siquiera pienso en límites de velocidad. Ella, sentada a mi lado, pálida, no para de girarse para buscar algún rastro de nuestros perseguidores en la carretera. De pronto veo la señal de entrada a Cunchillos. Allí nos esconderemos de los fantasmas que nos persiguen.

Vanesa Leiva Barrocal

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