Relato Corto presentado a “Cunchillos en Breve” (4)

BIENVENIDAS

Los otoños en Cunchillos apreciaban ese raro color de mezclas de no me acuerdo si te he visto. Con cierto criterio de decir adiós con esas ganas de mal tratarte o simplemente que me recuerdes siempre, porque estoy con ganas de sorprenderte.

Lo cierto, es que no todas las personas en Cunchillos no procedían de igual modo, pero la señora Beolchi tenía esa seña particular.

La tarde de otoño soleada en playas de la ribera la señora Beolchi casualmente y sin ninguna interpretación de buenos modales apareció repentinamente en una extraña mirada con cierta perversa actitud. Yo… no sabía si era una terrible mala casualidad o una casualidad bien armada, para despertar ciertas sensaciones y culminar en emociones de no recuerdo bien si la última vez te vi con unas valijas repletas de libros yéndote al nunca jamás, donde yo lloraba de tristeza por saber el trato afable de despedida singular de tiempos de sin regreso.

El proceder de esa inquietante casualidad comenzó a despertar en mi ánimo ciertas sospechas.

No sabía exactamente lo que estaba sucediendo, pero podía darme cuenta que habiéndola visto años atrás sin más que un buena suerte y al olvido, entendí que no fue casualidad.

Varias horas más tarde, me di cuenta, que otros personajes del ayer me despedían del mismo modo.

Me puse a replantear que hechos podrían mover a tal vínculo de lamentables modales y entendí hilando ciertos criterios que se trataba de mi pedido de protección, en otro país a mi hijo mayor.

Sucede que hay muchos mal entendidos. Y sucede que no se puede manosear un hecho que en delincuencia hospitalaria pueda comprenderse la estratégica mirada del mundo del revés.

Pero… creí luego de ese lapso de horas de meditación profunda, que no era una sospecha simplemente, los personajes del ayer habían colaborado en mi hundimiento.

Pero hundida no estoy.

Resulta que toda pesadilla en momentos difíciles se arregla de maravilla con la única verdad. Ciertamente que soy la más perseverante mujer en decir que no tengo idea de que se me acusa.

Me limpio las lágrimas del emocionante encuentro, y decidí interpretar que también ellos son parte del oficio sin sellos oficiales del derrumbe de una mujer que peca solo de haber pedido un poco de verdades en la historia de un muchacho bueno.

Resultado, abogados para descifrar verdades.

Ando algo atareada con las manos sin atar por cuestiones de verdades, cuando en la lista de personajes que humillan humillándose hacen burla a sus propias morales de un tanto lamentosa calidad.

A mi entender, existe la clemencia, también esa cuestión donde si alguien no sabe proceder no tiene por qué hundir el resto su infelicidad, con saludo particular.

Reconocí que la señora Beolchi no tiene ni un poco de moral, ni de esas buenas intenciones para los que por cuestiones de gente que no puede defenderse ni decir su verdad.

Me resulto bastante ingrato haberla conocido de tal modo, pero entendí que es bueno andar divirtiendo a personajes que colaboran con infelicidades del modo más perverso.
Estoy sola.

¿Qué habré hecho?

Silvia Alejandra Garro

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