Microrrelatos presentados a “microCunchillos” II (3)

EL FORASTERO

Cae el sol, y un forastero de rasgos oscuros camina por las calles de Cunchillos. Dos vecinas lo miraban con recelo.

-¿Qué se le habrá perdido por aquí?

-¿Será un ladrón?, este igual viene a pedir.

-A saber, una ya no se puede fiar de nadie.

-Buenas tardes cunchilleras, estoy buscando la iglesia, tengo que dar la misa de la tarde y se me echa el tiempo encima. Por cierto soy Pedro el nuevo párroco.

Solano

 

EL GNOMO

Gané la competencia porque logré sonar el cascabel de mi gorro en la torre mayor del castillo de Cunchillos. Desde luego, tuve que compartir mi premio con el gigante.

Roberto Omar Román

 

EL MIGRANTE

A menudo deseaba ir a ninguna parte. Tomaba un autobús, andaba un camino, subía por una escalera con tal propósito. Y siempre sufría la decepción de estar en algún lugar.

Una noche atravesó un espejo y creyó lograr su afán.

El fulgor de una estrella en Cunchillos lo desengañó.

Roberto Omar Román

 

“EL MIÑÓN”

Había tardado 52 años en descubrirlo, por ello buscó su significado en la RAE: “Soldado de tropa ligera que estaba destinado a la persecución de ladrones y contrabandistas, o a la custodia de los bosques reales”.

Su familia nunca le había nombrado así y él seguía ignorando por qué en Cunchillos, su tierra, llamaban a su abuelo “el Miñón”. Otro silencioso secreto que el tiempo guarda cuidadosamente.

Mª Carmen García Magallón

 

EL NUEVO DE LA BANDA

-¿Unas migas ahora o qué? -Proponía Sota.

-En Cunchillos debe haber algo mejor que unas migas. –respondía el nuevo.

-Pues me dices tú que comemos. Del Cipotegato no me alimento…

-No le hagáis caso al Sota, hoy está de mal humor.

-¿Sota?-preguntaba el nuevo-. ¿Qué clase de nombre es ese? ¿Pasota? ¿O acaso eres la putita de oros?

Sota se deshizo de aquel inútil de un tomatazo.

-¿Unas migas ahora o qué?

Arturo Llamas Piñas

 

EL OLMO

Acudo muy temprano a trotar sobre la colina, y allí la veo, observando la localidad hasta el alba, sentada en la banca, bajo el olmo que plantó cuando niña, hay nostalgia en su mirada, pero me sonríe antes de partir al mausoleo, volveré a verla el día siguiente, y seguirá contemplando su querido terruño, Cunchillos. Los recuerdos me inundan, pues ella nunca dejó de sonreírle a su nieto.

Ricardo Rivera García

 

EL PODER EVOCADOR DE LAS PALABRAS

La anciana Miss Spoon por fin había cumplido de sueño de recorrer España antes de morir. Recostada en su calesa, se dejaba mecer por ese paisaje que se deslizaba ante sus ojos con una rapidez casi despiadada. De repente leyó un cartel que rezaba “Cunchillos”. Y, sin saber por qué, su corazón, como por arte de magia, volvió a abrazar a sus inseparables Miss Fork y Mr. Knife. Cerró los ojos y lloró.

Piero Lisi

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