Microrrelatos presentados a “microCunchillos” II (2)

COINCIDENCIAS

¡Que coincidencia!, le digo al camarero, mi padre se apellidaba igual que este pueblo…

– De coincidencia nada, el señor Cunchillos, es hijo predilecto del pueblo, si hubiésemos sabido que iban a venir, habría salido una comitiva a recibirles, lo siento, de verdad.

Así boquiabiertos, nos quedamos, creyéndonos realmente, el bulo que el gracioso del camarero del pueblo nos acababa de meter.

Cristina Jiménez Urriza

 

COMO EN CUNCHILLOS

Al reencontrarla allende el Atlántico, y después de algunos lustros de no anhelar volver a verla –como Ulises a Penélope…–, su corazón reverdeció. Claro, como otrora, ella seguía conservando su seductora sonrisa y su guapa imagen… Él, sintió que su corriente sanguínea comenzaba a circular con desusada celeridad… y se sonrojó. Sí, como cuando la conoció allá en Cunchillos…

Juan José Retamar

CURIOSIDAD

– ¿Cuchillos?

– No. Cun-chillos.

– ¿Chunchillos?

– No. Cun-chi-llos.

– ¿Criarán cochinillos en Cunchillos?

– Supongo…

– ¿Harán chanchullillos en Cunchillos?

– Pues…

– ‘Cuchillos de Cunchillos’ sería guay.

– Anda, Pablito, hijo, estate calladito y sigue mirando el paisaje por la ventanilla.

– Papi… ¿Habrá malotes en Malón?

– (suspiro)

Lebesgue

 

DESCENSO

No tenía escapatoria, iría a la cárcel. Se calzó su ropa rústica y partió hacia el despoblado de Samanes. A lo lejos, divisó la torre.

Empujó la puerta e ingresó. Enfiló hacia la escalera. Al pisar el último peldaño, vio la fosa, preparada para recibirlo.

Mientras tanto, el verdugo, sentado en un banco de piedra, esperaba el momento para darle el empujón final.

Clara Gonorowsky

 

DESPISTE

Un hoyo en el piso tan grande como una galleta que podría engullirse de un mordisco, apareció en la plaza de Cunchillos. Nadie notó el agujero, las personas pisaban el boquete. Una niña jugaba con la pelota y cayó por el orificio, lloró reclamando la bola, nadie le hizo caso, si la hubieran atendido tal vez habrían tenido tiempo de escapar del agujero-boca que se tragó a Cunchillos de un bocado.

Sergio F. S. Sixtos

 

EL AVISO

Evocó sus vacaciones en la tranquilidad de Cunchillos, donde cada noche la hacía día y cambió totalmente su ánimo. Definitivamente lo de la enfermedad había sido un amargo capítulo en su vida y el informe de su examen correspondía a un lamentable error del laboratorio. Entonces fue que se decidió a publicar el aviso:

Vendo nicho sin uso, lo tituló y luego lo fue describiendo.

Armando Aravena Arellano

 

EL BESO

Junto a la iglesia de San Miguel Arcángel de Cunchillos el aire permanecía algo helado esa mañana. Aquel joven miraba hacia el cielo. Quería imaginar que estaba en una isla. Quería olvidarse de todo y estar solo, cuando de repente, un rabioso aroma de seducción llegó hasta él. Se trataba de una chica de mirada calurosa y cuyo beso infinito difuminó en el acto los bordes de su isla imaginaria.

Miguel Ángel Guerrero Ramos

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