Microrrelatos presentados a “microCunchillos” II (1)

…3, 2, 1… ¡VERANO!

¿Hay mejor manera de despertarse?

Es lo que pensaba cada mañana de verano en su trocito de Samanes.

A un lado el imponente Moncayo vigilando desde el horizonte. A otro, el pequeño Cunchillos encumbrado por su cementerio.

Sensación de bienestar que terminaba cada 26 de agosto cuando llegaba la hora de partir a la ciudad engalanada en honor a San Atilano. Era entonces cuando comenzaba la cuenta atrás.

Beatriz Villabona Notivoli

“ÁGUEDA”

No volvía a Cunchillos desde que me enamoré de Águeda. El tiempo nos separó y quise buscarla. Fui a su casa, no estaba. En la Asociación de Vecinos pregunté, me dieron la dirección de su hermana. Me recibió triste. Águeda se suicidó en la Torre de Samanes cansada de la mala vida que le dio su marido. Quedé destrozado, me dijo que nunca me olvidó. Fui a la Torre a llorarla… yo tampoco la olvidé.

 Francisco Juan Barata Bausach

AGUSTINA DE ARAGÓN

Tenía que quitar la puerta que tapaba la luz de mis dulces sueños. No me lo pensé. Cogí un destornillador. Mi madre, avisada por mi hermano, me veía escalar el último escalón de la escalera. Era una cuestión de honor. Destornillador en ristre, lo enarbolé como un botafuego sobre la ranura del tornillo. ¡Hembra bravía!, me gritó. Me sentí Agustina de Aragón liberando Cunchillos de los franceses.

 María Aurelia Aliaga y Montilla

ALBERTO

El niño Alberto lo confunden mucho donde vive con Roberto. Es tanto el fastidio que tiene, que empieza a buscar otro lugar donde pueda vivir tranquilo y que respeten su nombre como es. Hasta que encuentra una ciudad llamada Cunchillos; entonces decide mudarse a Cunchillos donde la gente respeta mucho el nombre de las personas entonces a Alberto le gusta mucho Cunchillos que se queda a vivir ahí.

 Daniel Tadeo Sierra Luna

AL FIN TE ENCONTRÉ

Y entonces te encontré. Dudaban de mí porque quería viajar, disfrutar de la vida. Buscaba un lugar donde ser yo misma, sin mascaras, sin modas, sin maquillaje tras el que ocultarme. Quería un lugar tranquilo, con encanto, donde ser yo misma no fuera un delito. Y allí descubrí el amor. Un amor salvaje, sin leyes, sin normas, sin dudas, sin límites… Un amor platónico, Cunchillos.

Rocío González Jiménez

CICLO VITAL

Le extrañó encontrarlo despierto pues acostumbraba a echar una cabezada en el sofá después de comer. Supuso que se debía a los nervios por el viaje; reencontrarse después de tantos años con aquel paisaje dominado por el Moncayo. Es la hora, padre – le indicó mientras bajaba el volumen del televisor. En la pantalla un salmón adulto remontaba las aguas del río para regresar al lugar donde nació.

Raúl Garcés Redondo

CINE DE VERANO

Ahora los llaman jóvenes preadolescentes, pero en aquella época éramos solamente unos niños que nos queríamos divertir en el cine. Así que casi al final de nuestras vacaciones en Cunchillos, quedamos a la hora de la siesta, el plan era, primero, dar un paseo por el campo, después esperaríamos comiendo chucherías a que abrieran las puertas del cine. Luego pensaríamos en la bronca.

Pablo Ramos Jiménez

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