Obra no participante en “microCunchillos” (III)

“UN DESPERTAR DÍAS ANTES DEL ÉXODO RURAL”

8 horas, 59 minutos y 57… 58… 59 segundos… Ya eran las 9 de la mañana del viernes 3 de Julio del año 1936, apenas unos catorce días antes del éxodo rural, día normal en Cunchillos como cualquiera de los ya vividos. Algunos se despiertan segundos antes de la alarma con el reloj incorporado en su sistema de funcionamiento neuronal en medio de sus sentidos, otros necesitan de la frenética alarma comunitaria que interrumpía de manera tajante los sueños de los cunchilleros, si es que aún pueden soñar.

Inmediatamente al primer acto, con los ojos abiertos los cunchilleros se levantan sin flojera ni tiempo para especular sobre un nuevo día, las luces artificiales se encienden con total normalidad, sin colores que sorprendan ni oscuridad que abrume, tan solo formas monótonas, sin opción de cambio. Equidad e igualdad, porque en cada movimiento hay un plan establecido, los sentimientos son atributos de sus pasados dejándolos al olvido, no hay influencia de algún ente externo, no hay dios misericordioso ni dios castigador, solo Dios, control total jerarquizado sin inconvenientes, no hay que buscar un propósito, tan solo hacer el asignado y no hay objeción alguna ante tal designio. Cunchillos es uno solo bajo ideologías impuestas, con un solo lenguaje natal, vasto solo hasta donde sea necesario.

Ahora, el propósito común es mantener tal sistema en el que no puede haber algo más que el rastro de la subordinación, olvido, como si jamás hubiese existido una provincia más allá del aspecto desolado en el que se encontraba la misma, olvidada. En Cunchillos los relieves abundantes de tonalidad gris son agraciados para el sistema impuesto, planeado por los más avaros y bárbaros políticos que se encuentra en otro nivel social ante todos y apartados de los habitantes comunes para evitar la interacción. Deciden no ser partícipes de su propia invención, nadie los entendió pero no es necesario indagar alrededor de sus últimos argumentos, al fin y al cabo, nadie puede detener la guerra civil que comenzaría pronto, ni el político más inhumano, ni el cunchillero más común.

David Stevens

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