Microrrelatos presentados a “microCunchillos” (VI)

SOLTERO EMPEDERNIDO

Solía contarme mi abuelo que comenzó a festejar con mi abuela el día de Santa Rosa cuando todo Cunchillos se dirige en romería a la ermita. Lo mismo que mi padre. Solo había que olvidar la merienda para que la moza en cuestión compartiera su tortilla de chorizo. Cada año me propongo continuar la tradición pero me vence el miedo y termino acompañándome de un buen bocadillo con pan de mollete.

Calamardo 

  

TIEMPO

Lucho por quererte de verdad, todos los días. Lo juro. Sé que te amaré. Sé que lo haré.

O al menos, eso me dicen ellos que haga.

Dicen que todo lo curas, sin embargo, oxidaste las tuberías, te llevaste a mis amigos de

Cunchillos, y detuviste mi reloj de cuco.

Si eres invisible, a veces me pregunto… ¿Qué hago entonces?

Iván Hernández Aguado

 

UNA TARDE DE IMPACIENCIA

Me levanto, me siento. Leo, pasa un coche, otro… es la tercera vez que miro el reloj. Estoy nerviosa. Me voy al frigo, vuelvo, me vuelvo a ir, otra vez miro el reloj. Siento que el tiempo no pasa en Cunchillos. Me dan escalofríos; pienso en sus caricias, en sus besos, en sus risas.

Por fin ahí…

                            mis nietos.

Rosa Mª Villabona Resano

 

UNA TARDE EN LA FUENTE VIEJA

Recuerdo con cariño las tardes de verano en Cunchillos. Íbamos las amigas a la fuente vieja a jugar. Nos metíamos en el antiguo lavadero, ya en desuso, a coger “cabezudos” con nuestras sandalias de plástico. Como estaba resbaladizo, el resbalón, chapuzón y la risa estaban asegurados. Cogíamos la merienda y nuestro vaso de plástico para beber agua de la fuente, que estaba fresca.

(¡Qué tiempos!)

María Luisa Aznar Coscolín

 

UN DÍA DE VERANO EN CUNCHILLOS

Cunchillos, 14 de julio. 9 de la mañana. Salí a esperar a mi padre que llegara del monte con el carro. Teníamos que extender la palva para que se calentara con el sol de mediodía. Tras comer salimos a trillar. Se formó una gran tormenta, parecía el fin del mundo. Lo que más recuerdo, la rica merienda que había sacado mi madre de tomate, escabeche, huevo… Todo se quedó en el cesto, ¡que hambre!

Ismael Llorente Serrate

 

UN NENÚFAR EN PRIMAVERA

María se despedía de Juan antes de partir a pastar con sus ovejas. Ella entre canticos lavaba cuando empezó la tormenta. Al levantarse un rayó cayó frente a sus ojos. ¡Es Juan! Gritaban.

El pañuelo blanco que sostenía en sus manos cayó al agua. Aquel pañuelo se convirtió en un precioso Nenúfar al ver bajar a Juan sano. Cada primavera se puede contemplar en el lavadero de Cunchillos.

Raquel Bonilla Santander (Blog de Raquel Bonilla Santander)

 

VEJEZ

Como cada día ella sale de su casa, juega, baila, ríe, disfruta… Y ahora, en lo alto del Ombo, el frío cierzo acaricia el arrugado rostro de Soledad, que con añoranza recuerda su juventud por las calles de Cunchillos. Y con lágrimas en los ojos no puede dejar de pensar, que sólo son recuerdos, recuerdos, y nada más.

Harlem

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