Microrrelatos presentados a “microCunchillos” (II)

LA CAZA FURTIVA EN CUNCHILLOS

Era un día de otoño, noche negra y cerrada, viento del sur y llovizna. Mi huida desenfrenada, alocada dando tumbos entre olivares y barbechos. Me caí en una acequia entre la selva de un zarzal, la guardia civil me pisaba los talones. Noche ideal para cazar tordas.

José Luis Gómez Ledesma

 

COMPAÑEROS DE PISO

Fue bonito mientras duró. Tú de barrio, yo de pueblo; tú de Cunchillos, yo de Caspe. No somos compatibles pero no sufras, no llores… porque tengo el presentimiento de que en un futuro el destino nos volverá a unir.

Selina Rojas Maranillo

 

“CUNCHILLERO”

Me dio la mano fuerte y, la mía se perdió entre la suya, deglutida por su inmensidad. Sus ojos, azul intenso, le daban un matiz a su mirada de franqueza que despejaba cualquier duda sobre sus intenciones.

Me llamo Miguel, y soy de Cunchillos. ¿De dónde? le espeté; ¿de Cuchillos? Su carcajada, larga y profunda, forjó una amistad bastante más allá del palo de la bandera que nos quedaba de “mili”.

César Francisco Gutiérrez de Manuel (Blog de César Francisco Gutiérrez de Manuel)

CUNCHILLOS EN ABRIL

Cunchillos; 1.936; una ideología mata a otra; un hombre asesina a otro. El amor es más fuerte que el rencor, y los hijos de ambos se casan. Nadie acude a la boda. Pero, nueve meses después; nace un niño. El primer aliento de éste es el último de la madre. Los vecinos escuchan el llanto del niño, y todo el mundo acude al entierro.

Y, en abril, ese ser se convirtió en la unión de las dos Españas.

Laura Magallón Soria

 

CUNCHILLOS EN LAS TARDES DE VERANO

Al atardecer las mozas iban a “la fuente de los seis caños”, acarreaban el agua para sus tinajas. Llevaban con gracia y salero el cántaro reluciente a un costado. Los mozos apalancados, sentados en el murete debajo del viejo olmo las inspeccionaban de arriba-abajo en su diaria romería.

José Luis Gómez Ledesma

 

DESTINO FELIZ

Me adentré por las calles de Cunchillos, no sé si el destino era feliz, pero sé que el mundo no terminaba en las afueras, todos sus recovecos me daban su cobijo y sus fantasmas. Mi padre era tan sabio como un libro, mi madre era el auxilio de mis manos, mi almohada era mi amante y mi enemigo, en las confusas noches del verano de Cunchillos.

José Manuel Segarra Bellés

 

DONDE OTROS DAN LAS GRACIAS

¿Y qué si fui criado por lesbianas en las montañas? Otros crecen en casa de algún oficinista en un suburbio americano, o peor, de Cunchillos, Zaragoza, pero al estilo de los States y nadie lo considera especialmente traumático. Te joden vivo, papá y mamá. No es su intención, pero lo hacen.

– Madre, no volveré muy tarde. – no quise apenarte.

Me voy y no me pesa.

Maltose

 

ECHAR RAÍCES

Asomó su diminuta cabeza por el agujerito que enlazaba los dos mundos: el exterior,  plagado de humanos con prisas; y el desconocido y sosegado, que se escondía bajo  tierra. El viaje por las galerías había sido agotador. Lo primero que vio fue un gran  letrero en el que se leía: “CUNCHILLOS”.

Le pareció la palabra más bonita de las que había visto y decidió que su madriguera debía estar ahí.

Beatriz Villabona Notivoli

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